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Aventuras sexuales de Carol: nuevas experiencias con mi amiga.

Nuevas experiencias

Probando nuevas experiencias con mi amiga. 

Hoy he quedado con Marta, una de mis mejores amigas.

Vamos a ir a un pub que acaban de abrir cerca del centro. Nos apetece mucho ya que tiene muy buena pinta.

Las dos estamos monísimas; Marta lleva un vestido ceñido de color rojo que le sienta de muerte y unos botines de tacón negros.

Yo llevo unos pantalones cortos vaqueros, una blusa blanca con la espalda al descubierto y unos tacones preciosos que tendré que cambiar por zapatos planos dentro de poco porque son demasiado altos e incómodos.

Entramos en la sala impacientes por descubrir si los tíos que salían en la foto del flyer se corresponden aunque sea un poco con los del interior del pub.

Mentiría si dijese que hoy no vamos con ganas de llevarnos una buena follada.

Nos llevamos una grata sorpresa al ver que la mayoría de los tíos tienen muy buena pinta.

Parece que el mundo se para cuando entramos nosotras porque un montón de miradas empiezan a perseguirnos y no me extraña nada, somos las dos únicas chicas que hay en el pub en este momento.

Nos sentamos en uno de los sofás del garito. Yo me pido un cubata y Marta una cerveza con limón. Antes de que nos sirvan las bebidas ya tenemos a cuatro chicos sentados al lado de nosotras.

A Marta parece gustarle uno de ellos porque no para de tontear con él, por mi parte, me parece demasiado pronto como para elegir ya al candidato con el que pasar una buena noche de sexo.

– Tu amiga parece estar bastante entretenida con nuestro amigo. ¿No quieres entretenerte tú un poco también? – Me pregunta uno de los tíos que tengo al lado.

– No me gusta conformarme con lo primero que pasa por delante de mí. – Le contesto sin darme cuenta de que mi tono ha podido resultar algo hiriente.

– ¿Estás llamando a tu amiga conformista? – me pregunta entre risas.

Yo miro hacia el lado en el que está Marta y puedo observar como el chico que acaba de conocer hace dos minutos escasos le está metiendo la lengua hasta la campanilla.

Decido ir al centro de la pista a bailar. Bailo con varios chicos diferentes, sé que todos están deseando metérmela pero eso tendrá que esperar un poco.

Tras varias copas de más dejo de ver a mi amiga, y comienzo a buscarla por todo el pub. Espero que no haya sido capaz de irse sin decirme nada.

Uno de los chicos me señala una especie de cortina y me dice que la busque ahí.

¡Madre de Dios! – exclamo al correr un poco la cortina.

Ahí está Marta, sí, pero no está sola, la rodean cuatro chicos semidesnudos que se turnan para comerle la boca. Mi amiga está fuera de sí.

– Marta, ¿estás bien, cariño? – le pregunto sin tener ni idea de lo que va a responderme.

– Carol, cielo, ¿Por qué no te unes? Mira, él es Samuel, éste otro es Carlos, éste es Dani y éste no me acuerdo como se llama pero tiene una polla gigante – responde medio atontada. Está borracha pero se le ve en la gloria a la tía.

Uno de los tíos, que por cierto está buenísimo, se acerca a mí.

– Oye, relájate ¿vale? Vamos de buen rollo. – Me dice mientras me acaricia los hombros.

– Os estáis aprovechando de mi amiga, se ve claramente que no está en sus cabales. – le respondo como si yo si lo estuviese.

– Tu amiga es feliz, ¿no lo ves? ¿No te apetece pasar un buen rato a ti también? – dice mientras me pasa la mano por la espalda.

Directamente y sin preguntar saca su lengua y de una forma absolutamente sexy, me lame el cuello. Yo me dejo llevar y no pongo resistencia.

Otro chico se acerca hacia mí por detrás y comienza a subirme la camiseta. El que estaba delante aprovecha para comerse mis pechos y lamerlos con fuerza mientras el otro sigue quitándome prendas. Cuando ya estoy completamente desnuda y solo me quedan los tacones puestos, otro de los chicos agarra fuertemente mi culo y clava sus uñas en él. Yo ya he pasado de sentirme incómoda a empezar a estar muy cachonda.

Uno de los chicos me coge en brazos y me tumba en uno de los sofás. No tardo mucho en encontrar una polla que mamar delante de mis narices. Es enorme, así que imagino que corresponde al cuerpo del chico que mi amiga no recordaba su nombre. Es un sitio muy oscuro y casi no se ve nada, solo sé que me estoy tragando una polla gigante y que quiero seguir haciéndolo.

– ¿Te gusta la polla de mi amigo? – me dice uno de los chicos mientras me sujeta la cara y la mueve bruscamente a la par que le como la polla al chico sin nombre. – Venga guapa, cómesela bien que quiero que se quede bien satisfecho. – me exige sin dejar de agarrarme.

Mi amiga está justo enfrente masturbando a los dos otros chicos a la vez, observando como yo hago una buena mamada. La verdad, no me siento nada incómoda y me pone bastante que mi amiga me vea haciendo estas cosas. Uno de ellos la coge en brazos y la lleva justo a donde estoy yo.

– Le vas a comer el coño a tu amiguita, se lo vas a comer enterito porque te encanta comer coño ¿de acuerdo? – le dice el chico a mi amiga que parece no tener ningún problema en hacerlo.

Marta se hace un hueco entre mis piernas y comienza a lamerme el clítoris, me pone súper cachonda ver la cara de cerda que tiene mientras me lo come.

Mientras mi amiga hace todo lo posible porque yo me corra, por mi boca van pasando las pollas de cada uno de los chicos, me como varias de ellas a la vez y con mis manos masturbo las otras.

Es impresionante la de gemidos que se pueden escuchar en tan pocos metros cuadrados.

Mi amiga se ha vuelto loca con mi coño y lo lame cada vez con más fuerza y yo estoy a punto de correrme.

– ¿Te vas a correr en la boca de tu amiga? Estoy deseando verlo – dice uno de los chicos al darse cuenta de que mis gemidos aumentan cada vez más.

Mi cuerpo no tarda en convertirse en un estallido de vibraciones y me corro en la boca de Marta que parece estar encantada porque mama toda mi corrida hasta dejarme seca.

Los chicos aprovechan mi orgasmo para separarnos; uno de ellos me tumba encima suya boca arriba y me clava su polla en el coño que aún no ha parado de disfrutar el orgasmo de antes.

Me folla bruscamente mientras mi amiga se dispone a follarse al chico de la gran polla y comerle la polla al otro.

Simplemente el hecho de ver como lo está disfrutando Marta hace que mi cuerpo quiera estallar de nuevo. Le invito al chico que queda a unirse con nosotros y aunque no lo he hecho nunca siento que mi cuerpo está preparado para recibir doble dosis de polla a la vez.

Me saco la polla que tengo en el coño y me la meto sin ningún esfuerzo en el culo y el otro chico aprovecha el hueco libre de mi coño para clavármela entera. Yo gimo, es una sensación dolorosa que no tardará mucho en ser la más placentera de mi vida. Dios, dos pollas dentro de mí.

Mi amiga mientras, se está llenando la boca de semen del tío al que se estaba follando y directamente se acerca con la boca llena hacia mí.

Saca la lengua encima de mi boca y yo la abro también para saborear la leche del tío de la gran polla, compartimos el premio entre nuestros besos y la follada doble que me estoy llevando.

– Mirad lo cerdas que son – dice uno de los tíos.

Mi amiga acerca su cara a mis pechos y comienza a comerme los pezones e irremediablemente sé que me voy a correr otra vez. El chico que tiene su polla en mi culo aprovecha ese momento para meterla todo lo más profundo que puede para sentir bien mi corrida; el que la tiene dentro de mi coño aumenta la velocidad y yo me deshago en las dos pollas que tengo dentro. Es el orgasmo más brutal de mi vida. El chico que tengo delante saca su polla de mi coño y es impresionante la cantidad de corrida que sale de mi coño en cuanto la saca. Me he corrido más que nunca.

El chico que ya se ha corrido antes con Marta nos coge a las dos de los pelos y nos obliga a ponernos de rodillas en el suelo.

Delante de nosotras tenemos a tres chicos con las pollas a estallar masturbándose sin parar, deseando llenarnos la boca de leche.

Marta y yo jugamos a la vez con las tres pollas.

Vamos dejando las tres pollas empapadas con nuestra saliva. Uno de ellos coge a Marta de los pelos y le lleva la cara al culo; Marta sin pensarlo dos veces se empieza a comer el culo del chico mientras yo aprovecho para comerme sus huevos. Este chico no tardará en correrse.

– Enséñame esas tetas tan bonitas que tienes – me dice entre gemidos.

Yo me agarro los pechos con fuerza y dejo que pase su polla corriéndose por todos ellos mientras él gime del placer que le está regalando mi amiga en su culo.

Marta vuelve a mi lado y limpia la corrida que hay en mis tetas con su lengua hasta que no queda ni gota.

Los otros dos chicos están a punto también.

Marta quiere ser la responsable de la siguiente corrida así que mama la polla de uno de los dos chicos que quedan por correrse. La chupa hasta atragantarse y consigue el premio que iba buscando; una gran dosis de leche caliente que cae por su lengua y que no duda en compartir conmigo. Pero aún queda una más y nosotras estamos deseosas de tenerla.

Nos comemos entre las dos los huevos del último chico que solo hay que ver su cara para saber que está en la gloria.

Marta se mete la polla en la boca y yo continúo con los huevos. El chico nos aparta rápidamente ya que quiere ver nuestras caritas mientras nos las llena de semen.

Nos hace abrir la boca a las dos y suelta su leche caliente repartiéndola en nuestras dos bocas.

Marta y yo nos tragamos la corrida y lamemos los restos de leche que quedan en cada una de las pollas que nos hemos comido.

No sé qué pensaremos mañana de todo esto, solo sé que esta experiencia con Marta ha sido perfecta.

Marta y yo nos disponemos a vestirnos

– Pues está muy bien el sitio este ¿no? – dice Marta entre risas.

– Sí, habrá que venir más veces – respondo con ganas de repetir lo de esta noche.

Aventuras sexuales de Carol: la reunión familiar.

Reunion familiar

Reunión familiar. 

Hoy es el cumpleaños de mi madre. Todos los hijos nos hemos venido a verla; mi hermana Soraya con su marido y mi sobrina, mi hermano Jose con las niñas y su mujer y nuestra hermanastra Ana, hija del actual marido de mi madre, con el que lleva más de diez años.

Para variar Ana ha vuelto a cambiar de novio, no me extraña nada, desde que la conozco ya han sido más de veinte chicos distintos los que han comido con nosotros en reuniones familiares como esta. Y no lo entiendo, la verdad, porque la chica es tonta como ella sola, no es fea pero es tan tonta que anula el resto de virtudes.

Voy saludando uno a uno a todos los reunidos y en especial a la cumpleañera, mi mami.

– ¡Carol! ¿otro año sin novio? – dice la imbécil de Ana.

– Ya sabes que soy demasiado exigente – respondo a la vez que le doy dos besos sin llegar a tocarla.

– Mira, te presento, él es Izan, el amor de mi vida – dice mientras le agarra de la cintura.

– Encantada Izan, un placer. – respondo pensando cuánto tiempo le quedará al pobre chico para ser sustituido por el siguiente “amor de su vida”.

En realidad empiezo a pensar que lo más probable es que no sea ella la que va destruyendo corazones, probablemente sean ellos los que huyan diciendo que van a comprar tabaco, porque soportar a esta tía… es mucha tela.

Izan no está nada mal, es un poco mayor que los anteriores, tendrá unos treinta años aproximadamente y parece, a diferencia del resto, un chico formal y educado, lo que no entiendo es que hace con la tontita de Ana.

Nos sentamos todos a la mesa y mi madre va sacando comida para alimentar a todo el edificio.

Ya en el café cada uno toma asiento en la parte de la casa que le apetece, yo me voy a la terraza a fumarme un cigarrillo.

Izan entra poco después que yo.

– ¿Me das uno? – me pregunta señalando el paquete de tabaco.

– Claro, toma. – digo sacándole uno.

Se pone el cigarrillo en la boca y se lo enciendo.

– Ana me ha hablado mucho de ti. – dice apoyándose en la pared.

– ¿Ah sí?, por eso me pitaban los oídos tanto últimamente. – contesto entre risas.

– Eres bastante mejor que el retrato que hizo de ti. – añade mirándome a los ojos.

 ¿Me está tiranto los trastos o es impresión mía? 

– Y ¿qué dijo de mi si puede saberse? – le pregunto ya intrigada.

– Pues que eras una chica del montón que no tenía novio nunca porque no habría quien te aguantara. – contesta sin cortarse ni un poco.

– ¿Y qué opinas de todo eso? – no puedo evitar mirarle con cierta atracción a la vez que le hago la pregunta.

Él se acerca tanto a mí que consigue ponerme nerviosa, aparta un poco mi pelo de la oreja y me susurra:

– Que le das mil vueltas a Ana y que lo de aguantarte, dependiendo en qué posturas puede ser bastante complicado, no sé si me entiendes.

En ese momento entra Ana a la terraza e Izan suelta mi pelo. Según él, me estaba quitando un bicho.

Yo sigo boquiabierta después de lo que me ha dicho Izan. No se corta ni un pelo este tío pero tampoco me disgusta, no sé…

Nos dirigimos todos al interior de la casa y yo me voy a fregar los platos, Izan se ofrece a ayudarme.

A Ana se le nota en la cara que no le está sentando muy bien tanta simpatía entre nosotros pero tampoco dice nada.

Él friega y yo aclaro, parecemos una pareja que acaban de irse a vivir juntos.

Izan me moja la nariz con la espuma del jabón y yo se la devuelvo. Se nota que entre nosotros hay algo más.

Sin venir a cuento de nada Izan tira la esponja con la que está fregando al suelo, evidentemente no se le ha caído sin querer.

– ¡Ay por Dios! se me cayó, ¿Me la alcanzas por favor? – dice con una sonrisa perversa.

– Por supuesto. – contesto mientras bajo hacia el suelo rozando mi cuerpo todo lo que puedo con su cuerpo hasta que mi cara llega a su entrepierna, en ese mismo momento aprovecho para lanzarle la mirada más seductora que sé. Recojo la esponja y me giro un poco, dándole la espalda para que pueda apreciar la vista de mi culo en esa postura mientras me incorporo lentamente.

– Tienes un poco de jabón aquí. – dice señalando mi culo. – Deja que te limpie. – Lleva su mano hasta la parte de abajo de mi vestido, incluso la mete un poco por dentro y roza sus dedos justo por el espacio que hay entre mis dos glúteos.

Yo suspiro. Esta situación se está volviendo un poco incoherente pero tengo ganas de seguir siendo traviesa.

– ¿Ya me limpiaste bien? Creo que sigue quedando un poco más. – digo invitándole a que vuelva a pasar su mano por el mismo sitio.

Él vuelve a levantar un poco mi vestido y esta vez llega con sus dedos hasta mi coño. A pocos metros, fuera de la cocina, está todo el mundo, entre ellos, su novia, pero parece darnos igual. Mete un dedo dentro de mí y me sabe maravilloso, incluso juguetea un poco con mi clítoris mientras el grifo de la pila no para de sonar. Yo aprovecho el ruido del agua para gemir bajito, me encantaría poder follármelo aquí mismo. Saca su mano de mis bragas ya empapadas.

– Carolina, no hay más jabón ahí. Será que confundes lo cachonda que estás con el jabón. – Susurra.

– ¿Tú crees?- le contesto mordiéndome el labio.

Después del espectáculo y con los platos bien fregados volvemos al salón.

– Mamá voy al coche a por tu regalo, que se me ha olvidado subirlo. – le digo mientras no puedo quitar la mirada de encima a Izan.

Bajo al coche con la esperanza de que Izan sea lo suficiente audaz como para inventarse una excusa y poder salir de casa sin que se note demasiado.

Abro el coche, me meto dentro y espero. Tras diez minutos sin noticias sobre Izan, me resigno y cojo el regalo de mi madre, un juego de té.

Entro de nuevo en el portal del edificio, llamo al ascensor y al abrirse las puertas ahí está él.

No me da tiempo ni a saludarle. Ya me está comiendo la boca.

– ¿A dónde te crees que ibas? – pregunta entre beso y beso.

– Me había cansado de estar esperando a cierto señorito. – le contesto sin parar de besarle.

– ¿Ah sí?, discúlpeme usted, estaba ocupado decidiendo las diferentes posturas en las que follarte.

– ¿Ya lo has decidido? – le pregunto sin poder despegar mi boca de la suya.

– Claro que sí, Carolina.

Directamente me coge en brazos y me lleva hasta las escaleras que dan al garaje.

Me deja sentada sobre uno de los peldaños. Me abre las piernas dejando que mi vestido suba por los muslos hasta la cadera. Yo estoy terriblemente cachonda.

Con una de sus manos aparta mis braguitas y comienza a comerme el coño.

– Mmm, tenía razón, no era jabón. Estás empapada. – dice mientras yo cada vez gimo más y más fuerte.

Me está comiendo el coño tan bien que no tardaré en correrme. Pasa su lengua por mi culo y una ola de calor recorre mi cuerpo en ese mismo momento. Me encanta que lo haga. Lame cada centímetro de mi coño y me vuelve loca. Al minuto ya me estoy corriendo y él mete su lengua en mi coño para saborear toda mi corrida. Yo no paro de temblar del placer. Creo que nunca me lo han comido tan bien.

Se nos ha olvidado por completo que estamos en un sitio público o nos da completamente igual, sea como sea, si entra alguien va a tener sesión porno en directo.

Izan se baja los pantalones y los calzoncillos y deja a la vista una polla que me hace pensar en lo contenta que debe estar Ana con esa parte de su novio.

Sé que Izan quiere metérmela pero a mí me apetece seguir siendo traviesa. Me incorporo un poco y comienzo a lamer la punta que está lubricadísima para mí. Izan gime, gruñe y hace todo tipo de sonidos que consiguen ponerme cachonda de nuevo en solo segundos. Se la como de principio a fin, me encanta que siga gimiendo así. Sé que no contamos con mucho tiempo pero no quiero despegar mis labios de la pedazo de polla que tengo en mi boca. Le masturbo con la mano a la vez que mis labios aprietan su piel y se la dejan empapada por todas partes. Juego con sus huevos, mi lengua se está portando demasiado bien hoy y él lo está disfrutando al máximo, es evidente que con Ana, estas cosas no las hace porque su mirada me hace sentir como una diosa.

– Carol como no pares te voy a llenar la boca de leche – dice sin poder parar de gemir.

– No tengo problema con eso. Me encantaría que me la llenases. – contesto mientras sigo disfrutando de la comida, de sus gemidos y de su mirada enloquecida.

– No puedo arriesgarme a no follarte hoy y quedarme con las ganas toda mi vida. – dice mientras saca su polla de mi boca. Se acerca a mi boca y me vuelve a besar. -Luego dejo que te lo comas todo ¿vale? no voy a permitir que te quedes con hambre.

– ¡¡DIOS!! Como me pones. – le susurro.

Me vuelve a coger en brazos y me empotra de cara contra la pared, levanta mi vestido, me baja las bragas con brusquedad y mete su polla lentamente en mi coño. Es una sensación perfecta. Él suspira y suelta una especie de risa como si estuviese en la gloria.

Agarra mis glúteos con fuerza y mete y saca su polla. La siento tanto…

– Quiero que te corras en mi polla, quiero sentir tu coño corriéndose. – me dice casi suplicándolo.

En ese mismo momento aumenta la velocidad, y los dos gemimos casi a gritos.

– Córrete, Carol, hazlo por mí, nena. – Me vuelve a suplicar entre los vaivenes de su polla.

Yo no aguanto más y exploto. Me estoy corriendo tanto que caen varias gotas de mi corrida por mis muslos. En ese momento él nota las contracciones de mi coño e intenta evitar que los vecinos me escuchen gritar demasiado y me sigue follando bruscamente mientras tapa mi boca con su mano.

Saca su polla de mi coño de sopetón, si hubiese seguido un solo segundo más se habría corrido y me ha prometido que no me iba a quedar con hambre.

Me arrodillo y él pasa su polla por mi lengua.

– Me encanta tu coño, y cuando te corres es imposible superarlo. – comenta mientras mi boca mama con la única intención de ganarse una buena corrida.

– Toma tu leche, ábreme la boquita. – gime mientras yo recibo en mi boca una buena dosis de corrida. La dejo caer en mi lengua para después tragármela como a mí me gusta. Repaso con mi lengua todos los restos de leche que le hayan quedado en la punta y él más que nunca me mira como una diosa.

– Ha sido un placer, Izan.- le digo con una sonrisa de oreja a oreja.

– Me encanta esta familia… ¿Cuándo es el siguiente cumpleaños? – pregunta entre risas.

Aventuras sexuales de Carol: la extraña entrevista de trabajo.

Entrevista de trabajo

La curiosa entrevista

Hoy me presento a una nueva entrevista. A ver si ésta es la buena.

Me siento a esperar como hacen el resto de las aspirantes a ser secretaria de dirección de una empresa importante de seguros.

Todas vienen iguales; traje negro, camisa blanca y recogido en el pelo.

Yo soy la excepción de la sala, puede que eso juegue a mi favor.

Llevo una falda tubo de color rojo que hacía muchísimo que no me ponía y que ha entrado en mi cuerpo de puro milagro, porque voy a estallar, aun así me hace un culo de escándalo.

Por arriba llevo una camisa blanca ajustada que deja entrever mi escote y una chaqueta color crema que necesito quitármela ya porque hace mucho calor.

Sale una de las candidatas del despacho de dirección. No le ha debido ir muy bien porque sale con mala cara.

Me sorprendió mucho que la entrevista la realizara el mismo director y no alguien de recursos humanos. Siempre he pensado que si quien me entrevista es un hombre, tendré más posibilidades que si es una mujer. No suelo caer muy bien a las mujeres.

Así que cruzaré los dedos.

Después de unos aburridos cuarenta minutos llega mi turno.

Entro en el despacho.

– ¿Carolina?, ¿Eres tú? – Me saluda quien ya conozco. Ya me quedé sin empleo.

– ¿Roberto? – digo boquiabierta al ver que el director que me podría dar el trabajo de mi vida es un tío al que hace unos años me tiré estando borracha en el reservado de una discoteca por mi cumpleaños. Evidentemente, dudo muchísimo que después de aquella ocasión en la que estuve desatada me quiera contratar para algo tan serio, ya que precisamente, no di la impresión de ser una persona muy responsable.

-¡Joder!, que cosas tiene la vida ¿eh?. Que formalita se te ve… – Me dice mientras revisa mi cuerpo de pies a cabeza. Me siento en la silla que está enfrente de su mesa y cruzo las piernas.

Roberto, en su día, me dio uno de los mejores polvos de mi vida. Está buenísimo y aparte creo recordar que su polla era…

Esta entrevista va a ser bastante complicada ya que acabo de verle y solo se me vienen imágenes de aquella noche de fiesta.

– Entiendo que… las cosas cambien, sabiendo que lo que paso entre nosotros podría crearnos problemas en el caso de que fuese tu secretaria. – le digo mientras me voy haciendo la idea de que los veinte minutos de espera anteriores han sido una pérdida de tiempo. Aunque a lo mejor consigo sacarle el número de teléfono y unas copas no nos las quita nadie.

  • No, ¿por qué? Lo que pasó, pasó. A ver… ¿puedo ver tu currículum?

– Sí claro. – contesto mientras saco de mi bolso enorme la carpeta.

Él se hace con los papeles que saco de la carpeta, se pone cómodo en su sillón de jefe y comienza a leer murmurando mi currículum.

– Responsable, educada, eficiente …. – va leyendo con tono irónico mis cualidades.

Yo callo, creo que es mejor no decir nada, si tengo alguna posibilidad de conseguir el puesto es mantenerme con la boca cerrada aunque tengo cierta sensación que me dice que Roberto tiene ganas de jugar un poco con mi presencia.

– En tu curriculum pone que aprendes con rapidez, pero para aprender hace falta hacer caso a las indicaciones que se te dan. ¿Eres obediente, Carol? – Dice el tío.

– Bueno… suelo cumplir las órdenes que me reclaman. – Respondo mientras no puedo dejar de mirar sus labios. Creo entender a qué se refiere con “obediente” y no tiene nada que ver con algo laboral. Su sonrisa le delata y este juego no ha hecho más que empezar.

– ¿Puedes quitarte las bragas? – dice dejándome sin respiración.

– ¿Perdón? – le contesto boquiabierta.

– Que te quites las bragas y me las des. – me exige con el tono mucho mas serio y seco mientras apoya sus codos en la mesa y sostiene su barbilla con las manos.

Yo me quedo bloqueada, intentando analizar la situación sin sentido que estoy viviendo.

– ¿Eres obediente o no? , solamente quiero que me lo demuestres. – dice como si las palabras que está soltado por la boca fueran de lo más normal en una entrevista de trabajo.

– Sí, lo soy. – contesto tímidamente.

Comienzo a subirme un poco la falda y observo como el hombre que tengo enfrente abre los ojos lo más que puede mientras se deleita con mi exhibición.

Me hago con la tela de mis braguitas y me las bajo por los muslos lentamente. En ese mismo momento el suelta una especie de gemido que me hace sentirme muy deseada.

Paso las braguitas por mis zapatos de tacón y se las pongo encima de la mesa.

Él me mira y no sé como consigue ponerme tan cachonda con tan solo fruncir el ceño.

Recoge las braguitas de la mesa y se las pasa por la boca para posteriormente olerlas y poner una cara de placer intenso.

Yo le miro sin saber que esperar.

* ¿Crees que después de esto te voy a dejar marchar, Carolina? – dice mientras sigue oliendo las braguitas como si fueran el mayor de sus tesoros.

* ¿Que deseas que haga ahora? – pregunto como si el juego me hubiese absorbido y estuviese sedienta de más órdenes.

* Enséñame el pedazo culo que tapa tu falda, creo que no debe estar muy cómodo tan apretado.

Me subo la falda que desde luego que apretaba mucho y dejo al aire mis glúteos listos para todo lo que quiera hacer este hombre con ellos. Él se levanta de su asiento se acerca a donde estoy y pasa su mano tan cerca de mi culo que puedo notar el calor de su piel.

* Eres tan… – sin terminar la frase pasa su cabeza por mi cuello oliéndolo desde un extremo a otro.

* ¿Tan qué? – Le pregunto entre mi respiración agitada al tenerle tan cerca.

* Apóyate en la mesa, déjame ver bien este culo. – dice con tono serio de nuevo.

Le hago caso y empotro toda la parte superior de mi cuerpo contra la mesa. Él acerca su mano a mi culo de nuevo.

* Te voy a pegar y quiero… quiero que te quedes bien calladita, ¿Lo has entendido?

* Sí. – le contesto ya con el coño bien lubricado sin haber empezado si quiera.

Noto como su mano se aleja de mi culo porque dejo de sentir su calor por un segundo para propinarme un azote doloroso y excitante al mismo tiempo.

Sin querer mi boca gime al sentir el golpe de su mano.

-¿ Qué coño te acabo de pedir? – gruñe mientras con una de sus manos recoge mi pelo y tira de él hasta acercar mi cara a la suya. – ¡Contesta!

– Que me mantenga callada – le contesto como puedo ante tal espectáculo.

– Eso es… eso es. – dice poniéndose cada vez más y más cachondo. – ¿No eres una puta obediente? Demuéstrámelo ¡Joder!

Estoy tan cachonda que me siento capaz de correrme sin necesidad de tener nada dentro.

Vuelve a azotarme, esta vez con más fuerza y yo hago todo lo posible por que no salga ningún sonido de mi boca.

– ¿Ves como sí sabes? – dice totalmente metido su papel.

Sus azotes se van volviendo más fuertes y seguidos, mi piel empieza a escocer pero es una sensación maravillosa.

– ¿Te duele?, ¿eh?, ¿te duele o te gusta? – pregunta con la respiración cada vez más acelerada y sonora.

– Me duele pero me encanta – contesto deseando que no pare de castigar mi piel.

– ¿Sabes a quienes les encanta que las azoten?

– ¿ A quién? – pregunto sin dejar de recibir golpes en mis glúteos.

– A las putas como tú. – me susurra en el oído.

Directamente me da la vuelta y agradezco el frio que sienten mis glúteos al apoyarse en la mesa.

Me desabrocha la camisa, me baja los tirantes del sujetador con una delicadeza hasta ahora desconocida en él y pasa su cara por mi pecho para olerlo y directamente mis pezones se ponen durísimos.

– ¿Estás cachonda Carolina? ¿Te vas a mojar para mí?

– Ya estoy empapada.

– ¿Ah sí? Enséñame lo mojada que estás.

Bajo mi mano hasta mi coño y consigo empaparme los dedos con mi flujo con solo rozarlo un poco. Vuelvo a subir la mano y le dejo ver lo cachonda que estoy.

– Chúpate los dedos – me exige.

Me meto los dedos en la boca y saboreo mi flujo que me sabe perfecto en este mismo momento.

– Que puta eres ¿eh? – dice con una mirada de estar locamente excitado ante la situación.

– Ya te dije que era obediente. – le contesto completamente cachonda y fuera de mí.

– Ser obediente no es tan complicado, aguantar todo lo que pienso hacer contigo, puede que no sea tan sencillo. – dice mientras se quita el cinturón de los pantalones y se baja los pantalones. Puedo ver como debajo de los bóxer hay una polla excitantemente grandiosa. Se quita la ropa interior y deja a la vista lo que ya se intuía, una polla a estallar.

– Vamos a ver como te comportas, señorita obediente… de momento. Pasa el cinturón por mi cuello y lo abrocha de tal manera, que si tira de él yo me asfixio. Va tirando de él mientras me observa con una cara de placer que no puede con ella. Yo no tardo más de 30 segundos en notar como me empieza a costar respirar y sé que me tengo que estar poniendo roja como un tomate pero él ni se inmuta. Lo está disfrutando y no va a sentir pena por mí. Deja de tirar por un instante y aprovecho para recuperar el aliento. Baja un poco mi cuerpo de la mesa y acerca su polla a mi boca. La va pasando por mi boca dejando mis labios húmedos debido a que él también está mojado.

– Escúchame bien. Me da igual que te ahogues, que te atragantes o que te falte la respiración. Te la vas a comer entera y no vas a sacártela de la boca hasta que yo lo diga. ¿Entendido?

Asiento con la cabeza antes de que empiece el espectáculo que mi dueño me tiene preparado.

– A ver esa boquita de puta que tienes. Ábrela bien. – dice con mala leche.

Yo obedezco y la abro todo lo que puedo. Él mete poco a poco su polla en mi boca y va pasándola por mi lengua para lubricarla entera. Directamente la mete bruscamente en mi boca y tira del cinturón mientras con la otra mano me agarra la cabeza para que su polla llegue hasta el fondo de mi garganta. Es una de las situaciones más placenteras que ha experimentado mi boca nunca.

Sigue apretando mi cabeza con su entrepierna y yo cada vez consigo menos aire por mi nariz, pero a él le da exactamente igual. Llega un punto en el que siento que me voy a desmayar si no me retiro un poco para coger aire. Lo hago e inmediatamente él gruñe.

– ¿Ya se ha recuperado mi putita? Creo que aun no te ha quedado claro quien manda aquí.

Vuelve a tirar del cinturón, esta vez con más fuerza y me mete la polla hasta que mis ojos derraman lágrimas terriblemente placenteras.

Tras unos minutos ahogándome con su gran polla me quita el cinturón del cuello y me pone a cuatro patas.

Pasa su mano por mi clítoris y solo con un roce consigue que gotee mi coño.

– Vamos a jugar a un juego, Carolina. Si consigues aguantar más de un minuto sin correrte no te destrozo el coño, si no lo consigues, te acordarás de mí unos cuantos días. – dice mientras gira un reloj de mesa esperando a que marque las doce el minutero.

Comienza a masturbarme bruscamente, metiendo sus dedos en mi coño empapado. Mi coño está tan abierto que pide más que dos simples dedos. Él es consciente de ello y mete casi toda la mano dentro. Sé que no voy a aguantar un minuto entero sin correrme y efectivamente cuando faltan aún veinte segundos para cumplir los sesenta me deshago y gimo como una perra mientras mi coño se contrae en sus dedos. No puedo parar de temblar del placer que estoy sintiendo.

– Gané. Vamos a ver que coño tienes cerda. – murmura metiéndome los dedos empapados de mi corrida en la boca.

Baja con sus manos mi espalda de tal manera que mi culo quede aún más inclinado y mete su polla sin miramientos en mi coño que aun sigue contrayéndose de la corrida.

Me folla brúscamente y casi literalmente me está rompiendo el coño pero me encanta.

– Quiero que mi puta favorita se corra otra vez. ¿es mucho pedir? – dice jadeando.

– Estoy a punto de correrme, no dejes de follarme, por favor. – le contesto disfrutando de cada vaivén de su polla.

Pocos segundos después ya estoy corriéndome de nuevo y jadeando como la perra que soy con él.

– ¡Dios! Me encanta que seas así de obediente – jadea.

Directamente saca su polla de mí y me da la vuelta.

– Arrodíllate cerda.

Hago lo que se me pide y espero a que su semen inunde mi boca.

– Lléname la boca, por favor. – le ruego deseando tragarme todo.

Él no aguanta un segundo más y expulsa toda su leche en mi boca mientras jadea más que nunca. Yo me la trago y la disfruto todo lo que puedo.

Después de esta larga entrevista esperaré a que me llame, aunque solo sea para volver a ser suya por un rato.

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