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Aventuras sexuales de Carol: la reunión familiar.

Reunion familiar

Reunión familiar. 

Hoy es el cumpleaños de mi madre. Todos los hijos nos hemos venido a verla; mi hermana Soraya con su marido y mi sobrina, mi hermano Jose con las niñas y su mujer y nuestra hermanastra Ana, hija del actual marido de mi madre, con el que lleva más de diez años.

Para variar Ana ha vuelto a cambiar de novio, no me extraña nada, desde que la conozco ya han sido más de veinte chicos distintos los que han comido con nosotros en reuniones familiares como esta. Y no lo entiendo, la verdad, porque la chica es tonta como ella sola, no es fea pero es tan tonta que anula el resto de virtudes.

Voy saludando uno a uno a todos los reunidos y en especial a la cumpleañera, mi mami.

– ¡Carol! ¿otro año sin novio? – dice la imbécil de Ana.

– Ya sabes que soy demasiado exigente – respondo a la vez que le doy dos besos sin llegar a tocarla.

– Mira, te presento, él es Izan, el amor de mi vida – dice mientras le agarra de la cintura.

– Encantada Izan, un placer. – respondo pensando cuánto tiempo le quedará al pobre chico para ser sustituido por el siguiente “amor de su vida”.

En realidad empiezo a pensar que lo más probable es que no sea ella la que va destruyendo corazones, probablemente sean ellos los que huyan diciendo que van a comprar tabaco, porque soportar a esta tía… es mucha tela.

Izan no está nada mal, es un poco mayor que los anteriores, tendrá unos treinta años aproximadamente y parece, a diferencia del resto, un chico formal y educado, lo que no entiendo es que hace con la tontita de Ana.

Nos sentamos todos a la mesa y mi madre va sacando comida para alimentar a todo el edificio.

Ya en el café cada uno toma asiento en la parte de la casa que le apetece, yo me voy a la terraza a fumarme un cigarrillo.

Izan entra poco después que yo.

– ¿Me das uno? – me pregunta señalando el paquete de tabaco.

– Claro, toma. – digo sacándole uno.

Se pone el cigarrillo en la boca y se lo enciendo.

– Ana me ha hablado mucho de ti. – dice apoyándose en la pared.

– ¿Ah sí?, por eso me pitaban los oídos tanto últimamente. – contesto entre risas.

– Eres bastante mejor que el retrato que hizo de ti. – añade mirándome a los ojos.

 ¿Me está tiranto los trastos o es impresión mía? 

– Y ¿qué dijo de mi si puede saberse? – le pregunto ya intrigada.

– Pues que eras una chica del montón que no tenía novio nunca porque no habría quien te aguantara. – contesta sin cortarse ni un poco.

– ¿Y qué opinas de todo eso? – no puedo evitar mirarle con cierta atracción a la vez que le hago la pregunta.

Él se acerca tanto a mí que consigue ponerme nerviosa, aparta un poco mi pelo de la oreja y me susurra:

– Que le das mil vueltas a Ana y que lo de aguantarte, dependiendo en qué posturas puede ser bastante complicado, no sé si me entiendes.

En ese momento entra Ana a la terraza e Izan suelta mi pelo. Según él, me estaba quitando un bicho.

Yo sigo boquiabierta después de lo que me ha dicho Izan. No se corta ni un pelo este tío pero tampoco me disgusta, no sé…

Nos dirigimos todos al interior de la casa y yo me voy a fregar los platos, Izan se ofrece a ayudarme.

A Ana se le nota en la cara que no le está sentando muy bien tanta simpatía entre nosotros pero tampoco dice nada.

Él friega y yo aclaro, parecemos una pareja que acaban de irse a vivir juntos.

Izan me moja la nariz con la espuma del jabón y yo se la devuelvo. Se nota que entre nosotros hay algo más.

Sin venir a cuento de nada Izan tira la esponja con la que está fregando al suelo, evidentemente no se le ha caído sin querer.

– ¡Ay por Dios! se me cayó, ¿Me la alcanzas por favor? – dice con una sonrisa perversa.

– Por supuesto. – contesto mientras bajo hacia el suelo rozando mi cuerpo todo lo que puedo con su cuerpo hasta que mi cara llega a su entrepierna, en ese mismo momento aprovecho para lanzarle la mirada más seductora que sé. Recojo la esponja y me giro un poco, dándole la espalda para que pueda apreciar la vista de mi culo en esa postura mientras me incorporo lentamente.

– Tienes un poco de jabón aquí. – dice señalando mi culo. – Deja que te limpie. – Lleva su mano hasta la parte de abajo de mi vestido, incluso la mete un poco por dentro y roza sus dedos justo por el espacio que hay entre mis dos glúteos.

Yo suspiro. Esta situación se está volviendo un poco incoherente pero tengo ganas de seguir siendo traviesa.

– ¿Ya me limpiaste bien? Creo que sigue quedando un poco más. – digo invitándole a que vuelva a pasar su mano por el mismo sitio.

Él vuelve a levantar un poco mi vestido y esta vez llega con sus dedos hasta mi coño. A pocos metros, fuera de la cocina, está todo el mundo, entre ellos, su novia, pero parece darnos igual. Mete un dedo dentro de mí y me sabe maravilloso, incluso juguetea un poco con mi clítoris mientras el grifo de la pila no para de sonar. Yo aprovecho el ruido del agua para gemir bajito, me encantaría poder follármelo aquí mismo. Saca su mano de mis bragas ya empapadas.

– Carolina, no hay más jabón ahí. Será que confundes lo cachonda que estás con el jabón. – Susurra.

– ¿Tú crees?- le contesto mordiéndome el labio.

Después del espectáculo y con los platos bien fregados volvemos al salón.

– Mamá voy al coche a por tu regalo, que se me ha olvidado subirlo. – le digo mientras no puedo quitar la mirada de encima a Izan.

Bajo al coche con la esperanza de que Izan sea lo suficiente audaz como para inventarse una excusa y poder salir de casa sin que se note demasiado.

Abro el coche, me meto dentro y espero. Tras diez minutos sin noticias sobre Izan, me resigno y cojo el regalo de mi madre, un juego de té.

Entro de nuevo en el portal del edificio, llamo al ascensor y al abrirse las puertas ahí está él.

No me da tiempo ni a saludarle. Ya me está comiendo la boca.

– ¿A dónde te crees que ibas? – pregunta entre beso y beso.

– Me había cansado de estar esperando a cierto señorito. – le contesto sin parar de besarle.

– ¿Ah sí?, discúlpeme usted, estaba ocupado decidiendo las diferentes posturas en las que follarte.

– ¿Ya lo has decidido? – le pregunto sin poder despegar mi boca de la suya.

– Claro que sí, Carolina.

Directamente me coge en brazos y me lleva hasta las escaleras que dan al garaje.

Me deja sentada sobre uno de los peldaños. Me abre las piernas dejando que mi vestido suba por los muslos hasta la cadera. Yo estoy terriblemente cachonda.

Con una de sus manos aparta mis braguitas y comienza a comerme el coño.

– Mmm, tenía razón, no era jabón. Estás empapada. – dice mientras yo cada vez gimo más y más fuerte.

Me está comiendo el coño tan bien que no tardaré en correrme. Pasa su lengua por mi culo y una ola de calor recorre mi cuerpo en ese mismo momento. Me encanta que lo haga. Lame cada centímetro de mi coño y me vuelve loca. Al minuto ya me estoy corriendo y él mete su lengua en mi coño para saborear toda mi corrida. Yo no paro de temblar del placer. Creo que nunca me lo han comido tan bien.

Se nos ha olvidado por completo que estamos en un sitio público o nos da completamente igual, sea como sea, si entra alguien va a tener sesión porno en directo.

Izan se baja los pantalones y los calzoncillos y deja a la vista una polla que me hace pensar en lo contenta que debe estar Ana con esa parte de su novio.

Sé que Izan quiere metérmela pero a mí me apetece seguir siendo traviesa. Me incorporo un poco y comienzo a lamer la punta que está lubricadísima para mí. Izan gime, gruñe y hace todo tipo de sonidos que consiguen ponerme cachonda de nuevo en solo segundos. Se la como de principio a fin, me encanta que siga gimiendo así. Sé que no contamos con mucho tiempo pero no quiero despegar mis labios de la pedazo de polla que tengo en mi boca. Le masturbo con la mano a la vez que mis labios aprietan su piel y se la dejan empapada por todas partes. Juego con sus huevos, mi lengua se está portando demasiado bien hoy y él lo está disfrutando al máximo, es evidente que con Ana, estas cosas no las hace porque su mirada me hace sentir como una diosa.

– Carol como no pares te voy a llenar la boca de leche – dice sin poder parar de gemir.

– No tengo problema con eso. Me encantaría que me la llenases. – contesto mientras sigo disfrutando de la comida, de sus gemidos y de su mirada enloquecida.

– No puedo arriesgarme a no follarte hoy y quedarme con las ganas toda mi vida. – dice mientras saca su polla de mi boca. Se acerca a mi boca y me vuelve a besar. -Luego dejo que te lo comas todo ¿vale? no voy a permitir que te quedes con hambre.

– ¡¡DIOS!! Como me pones. – le susurro.

Me vuelve a coger en brazos y me empotra de cara contra la pared, levanta mi vestido, me baja las bragas con brusquedad y mete su polla lentamente en mi coño. Es una sensación perfecta. Él suspira y suelta una especie de risa como si estuviese en la gloria.

Agarra mis glúteos con fuerza y mete y saca su polla. La siento tanto…

– Quiero que te corras en mi polla, quiero sentir tu coño corriéndose. – me dice casi suplicándolo.

En ese mismo momento aumenta la velocidad, y los dos gemimos casi a gritos.

– Córrete, Carol, hazlo por mí, nena. – Me vuelve a suplicar entre los vaivenes de su polla.

Yo no aguanto más y exploto. Me estoy corriendo tanto que caen varias gotas de mi corrida por mis muslos. En ese momento él nota las contracciones de mi coño e intenta evitar que los vecinos me escuchen gritar demasiado y me sigue follando bruscamente mientras tapa mi boca con su mano.

Saca su polla de mi coño de sopetón, si hubiese seguido un solo segundo más se habría corrido y me ha prometido que no me iba a quedar con hambre.

Me arrodillo y él pasa su polla por mi lengua.

– Me encanta tu coño, y cuando te corres es imposible superarlo. – comenta mientras mi boca mama con la única intención de ganarse una buena corrida.

– Toma tu leche, ábreme la boquita. – gime mientras yo recibo en mi boca una buena dosis de corrida. La dejo caer en mi lengua para después tragármela como a mí me gusta. Repaso con mi lengua todos los restos de leche que le hayan quedado en la punta y él más que nunca me mira como una diosa.

– Ha sido un placer, Izan.- le digo con una sonrisa de oreja a oreja.

– Me encanta esta familia… ¿Cuándo es el siguiente cumpleaños? – pregunta entre risas.

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