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Aventuras sexuales de Carol: la extraña entrevista de trabajo.

Entrevista de trabajo

La curiosa entrevista

Hoy me presento a una nueva entrevista. A ver si ésta es la buena.

Me siento a esperar como hacen el resto de las aspirantes a ser secretaria de dirección de una empresa importante de seguros.

Todas vienen iguales; traje negro, camisa blanca y recogido en el pelo.

Yo soy la excepción de la sala, puede que eso juegue a mi favor.

Llevo una falda tubo de color rojo que hacía muchísimo que no me ponía y que ha entrado en mi cuerpo de puro milagro, porque voy a estallar, aun así me hace un culo de escándalo.

Por arriba llevo una camisa blanca ajustada que deja entrever mi escote y una chaqueta color crema que necesito quitármela ya porque hace mucho calor.

Sale una de las candidatas del despacho de dirección. No le ha debido ir muy bien porque sale con mala cara.

Me sorprendió mucho que la entrevista la realizara el mismo director y no alguien de recursos humanos. Siempre he pensado que si quien me entrevista es un hombre, tendré más posibilidades que si es una mujer. No suelo caer muy bien a las mujeres.

Así que cruzaré los dedos.

Después de unos aburridos cuarenta minutos llega mi turno.

Entro en el despacho.

– ¿Carolina?, ¿Eres tú? – Me saluda quien ya conozco. Ya me quedé sin empleo.

– ¿Roberto? – digo boquiabierta al ver que el director que me podría dar el trabajo de mi vida es un tío al que hace unos años me tiré estando borracha en el reservado de una discoteca por mi cumpleaños. Evidentemente, dudo muchísimo que después de aquella ocasión en la que estuve desatada me quiera contratar para algo tan serio, ya que precisamente, no di la impresión de ser una persona muy responsable.

-¡Joder!, que cosas tiene la vida ¿eh?. Que formalita se te ve… – Me dice mientras revisa mi cuerpo de pies a cabeza. Me siento en la silla que está enfrente de su mesa y cruzo las piernas.

Roberto, en su día, me dio uno de los mejores polvos de mi vida. Está buenísimo y aparte creo recordar que su polla era…

Esta entrevista va a ser bastante complicada ya que acabo de verle y solo se me vienen imágenes de aquella noche de fiesta.

– Entiendo que… las cosas cambien, sabiendo que lo que paso entre nosotros podría crearnos problemas en el caso de que fuese tu secretaria. – le digo mientras me voy haciendo la idea de que los veinte minutos de espera anteriores han sido una pérdida de tiempo. Aunque a lo mejor consigo sacarle el número de teléfono y unas copas no nos las quita nadie.

  • No, ¿por qué? Lo que pasó, pasó. A ver… ¿puedo ver tu currículum?

– Sí claro. – contesto mientras saco de mi bolso enorme la carpeta.

Él se hace con los papeles que saco de la carpeta, se pone cómodo en su sillón de jefe y comienza a leer murmurando mi currículum.

– Responsable, educada, eficiente …. – va leyendo con tono irónico mis cualidades.

Yo callo, creo que es mejor no decir nada, si tengo alguna posibilidad de conseguir el puesto es mantenerme con la boca cerrada aunque tengo cierta sensación que me dice que Roberto tiene ganas de jugar un poco con mi presencia.

– En tu curriculum pone que aprendes con rapidez, pero para aprender hace falta hacer caso a las indicaciones que se te dan. ¿Eres obediente, Carol? – Dice el tío.

– Bueno… suelo cumplir las órdenes que me reclaman. – Respondo mientras no puedo dejar de mirar sus labios. Creo entender a qué se refiere con “obediente” y no tiene nada que ver con algo laboral. Su sonrisa le delata y este juego no ha hecho más que empezar.

– ¿Puedes quitarte las bragas? – dice dejándome sin respiración.

– ¿Perdón? – le contesto boquiabierta.

– Que te quites las bragas y me las des. – me exige con el tono mucho mas serio y seco mientras apoya sus codos en la mesa y sostiene su barbilla con las manos.

Yo me quedo bloqueada, intentando analizar la situación sin sentido que estoy viviendo.

– ¿Eres obediente o no? , solamente quiero que me lo demuestres. – dice como si las palabras que está soltado por la boca fueran de lo más normal en una entrevista de trabajo.

– Sí, lo soy. – contesto tímidamente.

Comienzo a subirme un poco la falda y observo como el hombre que tengo enfrente abre los ojos lo más que puede mientras se deleita con mi exhibición.

Me hago con la tela de mis braguitas y me las bajo por los muslos lentamente. En ese mismo momento el suelta una especie de gemido que me hace sentirme muy deseada.

Paso las braguitas por mis zapatos de tacón y se las pongo encima de la mesa.

Él me mira y no sé como consigue ponerme tan cachonda con tan solo fruncir el ceño.

Recoge las braguitas de la mesa y se las pasa por la boca para posteriormente olerlas y poner una cara de placer intenso.

Yo le miro sin saber que esperar.

* ¿Crees que después de esto te voy a dejar marchar, Carolina? – dice mientras sigue oliendo las braguitas como si fueran el mayor de sus tesoros.

* ¿Que deseas que haga ahora? – pregunto como si el juego me hubiese absorbido y estuviese sedienta de más órdenes.

* Enséñame el pedazo culo que tapa tu falda, creo que no debe estar muy cómodo tan apretado.

Me subo la falda que desde luego que apretaba mucho y dejo al aire mis glúteos listos para todo lo que quiera hacer este hombre con ellos. Él se levanta de su asiento se acerca a donde estoy y pasa su mano tan cerca de mi culo que puedo notar el calor de su piel.

* Eres tan… – sin terminar la frase pasa su cabeza por mi cuello oliéndolo desde un extremo a otro.

* ¿Tan qué? – Le pregunto entre mi respiración agitada al tenerle tan cerca.

* Apóyate en la mesa, déjame ver bien este culo. – dice con tono serio de nuevo.

Le hago caso y empotro toda la parte superior de mi cuerpo contra la mesa. Él acerca su mano a mi culo de nuevo.

* Te voy a pegar y quiero… quiero que te quedes bien calladita, ¿Lo has entendido?

* Sí. – le contesto ya con el coño bien lubricado sin haber empezado si quiera.

Noto como su mano se aleja de mi culo porque dejo de sentir su calor por un segundo para propinarme un azote doloroso y excitante al mismo tiempo.

Sin querer mi boca gime al sentir el golpe de su mano.

-¿ Qué coño te acabo de pedir? – gruñe mientras con una de sus manos recoge mi pelo y tira de él hasta acercar mi cara a la suya. – ¡Contesta!

– Que me mantenga callada – le contesto como puedo ante tal espectáculo.

– Eso es… eso es. – dice poniéndose cada vez más y más cachondo. – ¿No eres una puta obediente? Demuéstrámelo ¡Joder!

Estoy tan cachonda que me siento capaz de correrme sin necesidad de tener nada dentro.

Vuelve a azotarme, esta vez con más fuerza y yo hago todo lo posible por que no salga ningún sonido de mi boca.

– ¿Ves como sí sabes? – dice totalmente metido su papel.

Sus azotes se van volviendo más fuertes y seguidos, mi piel empieza a escocer pero es una sensación maravillosa.

– ¿Te duele?, ¿eh?, ¿te duele o te gusta? – pregunta con la respiración cada vez más acelerada y sonora.

– Me duele pero me encanta – contesto deseando que no pare de castigar mi piel.

– ¿Sabes a quienes les encanta que las azoten?

– ¿ A quién? – pregunto sin dejar de recibir golpes en mis glúteos.

– A las putas como tú. – me susurra en el oído.

Directamente me da la vuelta y agradezco el frio que sienten mis glúteos al apoyarse en la mesa.

Me desabrocha la camisa, me baja los tirantes del sujetador con una delicadeza hasta ahora desconocida en él y pasa su cara por mi pecho para olerlo y directamente mis pezones se ponen durísimos.

– ¿Estás cachonda Carolina? ¿Te vas a mojar para mí?

– Ya estoy empapada.

– ¿Ah sí? Enséñame lo mojada que estás.

Bajo mi mano hasta mi coño y consigo empaparme los dedos con mi flujo con solo rozarlo un poco. Vuelvo a subir la mano y le dejo ver lo cachonda que estoy.

– Chúpate los dedos – me exige.

Me meto los dedos en la boca y saboreo mi flujo que me sabe perfecto en este mismo momento.

– Que puta eres ¿eh? – dice con una mirada de estar locamente excitado ante la situación.

– Ya te dije que era obediente. – le contesto completamente cachonda y fuera de mí.

– Ser obediente no es tan complicado, aguantar todo lo que pienso hacer contigo, puede que no sea tan sencillo. – dice mientras se quita el cinturón de los pantalones y se baja los pantalones. Puedo ver como debajo de los bóxer hay una polla excitantemente grandiosa. Se quita la ropa interior y deja a la vista lo que ya se intuía, una polla a estallar.

– Vamos a ver como te comportas, señorita obediente… de momento. Pasa el cinturón por mi cuello y lo abrocha de tal manera, que si tira de él yo me asfixio. Va tirando de él mientras me observa con una cara de placer que no puede con ella. Yo no tardo más de 30 segundos en notar como me empieza a costar respirar y sé que me tengo que estar poniendo roja como un tomate pero él ni se inmuta. Lo está disfrutando y no va a sentir pena por mí. Deja de tirar por un instante y aprovecho para recuperar el aliento. Baja un poco mi cuerpo de la mesa y acerca su polla a mi boca. La va pasando por mi boca dejando mis labios húmedos debido a que él también está mojado.

– Escúchame bien. Me da igual que te ahogues, que te atragantes o que te falte la respiración. Te la vas a comer entera y no vas a sacártela de la boca hasta que yo lo diga. ¿Entendido?

Asiento con la cabeza antes de que empiece el espectáculo que mi dueño me tiene preparado.

– A ver esa boquita de puta que tienes. Ábrela bien. – dice con mala leche.

Yo obedezco y la abro todo lo que puedo. Él mete poco a poco su polla en mi boca y va pasándola por mi lengua para lubricarla entera. Directamente la mete bruscamente en mi boca y tira del cinturón mientras con la otra mano me agarra la cabeza para que su polla llegue hasta el fondo de mi garganta. Es una de las situaciones más placenteras que ha experimentado mi boca nunca.

Sigue apretando mi cabeza con su entrepierna y yo cada vez consigo menos aire por mi nariz, pero a él le da exactamente igual. Llega un punto en el que siento que me voy a desmayar si no me retiro un poco para coger aire. Lo hago e inmediatamente él gruñe.

– ¿Ya se ha recuperado mi putita? Creo que aun no te ha quedado claro quien manda aquí.

Vuelve a tirar del cinturón, esta vez con más fuerza y me mete la polla hasta que mis ojos derraman lágrimas terriblemente placenteras.

Tras unos minutos ahogándome con su gran polla me quita el cinturón del cuello y me pone a cuatro patas.

Pasa su mano por mi clítoris y solo con un roce consigue que gotee mi coño.

– Vamos a jugar a un juego, Carolina. Si consigues aguantar más de un minuto sin correrte no te destrozo el coño, si no lo consigues, te acordarás de mí unos cuantos días. – dice mientras gira un reloj de mesa esperando a que marque las doce el minutero.

Comienza a masturbarme bruscamente, metiendo sus dedos en mi coño empapado. Mi coño está tan abierto que pide más que dos simples dedos. Él es consciente de ello y mete casi toda la mano dentro. Sé que no voy a aguantar un minuto entero sin correrme y efectivamente cuando faltan aún veinte segundos para cumplir los sesenta me deshago y gimo como una perra mientras mi coño se contrae en sus dedos. No puedo parar de temblar del placer que estoy sintiendo.

– Gané. Vamos a ver que coño tienes cerda. – murmura metiéndome los dedos empapados de mi corrida en la boca.

Baja con sus manos mi espalda de tal manera que mi culo quede aún más inclinado y mete su polla sin miramientos en mi coño que aun sigue contrayéndose de la corrida.

Me folla brúscamente y casi literalmente me está rompiendo el coño pero me encanta.

– Quiero que mi puta favorita se corra otra vez. ¿es mucho pedir? – dice jadeando.

– Estoy a punto de correrme, no dejes de follarme, por favor. – le contesto disfrutando de cada vaivén de su polla.

Pocos segundos después ya estoy corriéndome de nuevo y jadeando como la perra que soy con él.

– ¡Dios! Me encanta que seas así de obediente – jadea.

Directamente saca su polla de mí y me da la vuelta.

– Arrodíllate cerda.

Hago lo que se me pide y espero a que su semen inunde mi boca.

– Lléname la boca, por favor. – le ruego deseando tragarme todo.

Él no aguanta un segundo más y expulsa toda su leche en mi boca mientras jadea más que nunca. Yo me la trago y la disfruto todo lo que puedo.

Después de esta larga entrevista esperaré a que me llame, aunque solo sea para volver a ser suya por un rato.

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