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Cita a tres. Primer relato erótico de Carol.

Este relato me lo ha enviado una admiradora de la página. Se llama Carol, tiene 25 años y confiesa que tiene una vida sexual muy activa; vamos, que es un poco golfilla. Dice que es real, y que tiene muchas más experiencias para contarme que ya me irá enviando. Espero que os guste. Ah, la foto es de ella…

Cita a 3

Una cita de tres.

Ahí está César, mi ex.
Hoy hemos quedado para ver qué hacemos con todas esas cosas que compramos a medias.
Le saludo desde la entrada del bar. El tío se ha puesto guapo solo para verme.
Lástima que lo tenga todo tan claro después de su lío con la … supuesta “compañera de trabajo”.
Así la llamaba él. Pero eso no quita que le siga viendo muy atractivo.
Me acerco a la mesa y directamente él se levanta para saludarme, sin mucha simpatía le devuelvo el saludo y me siento.
– ¡Carol, qué alegría verte!
– Que pena que no pueda decir lo mismo, César. Le contesto irónicamente
Al segundo, la camarera toma nota de lo que queremos tomar, puedo ver de reojo como al imbécil de mi ex se le va la mirada al trasero de la camarera. Este hombre no tiene remedio.
– Carol, llevo varios días sin poder dormir, sé que no lo hice bien y sé que no te puedo pedir que
me perdones pero…
– César, cuando te la follabas y volvías a casa con la excusa de que habías tenido mucho curro en el trabajo, te metías en la cama, me mirabas a la cara y dormías divinamente. No me vengas con estupideces.
Intento ir directa al reparto de bienes, no hay mucho, pero… prefiero aclarar todo ahora y no tener
que verle en la vida.
Al cabo de un rato hablando y valorando qué es para cada uno, un chico nos sorprende.
– Hombre César ¿que tal? – dice el chico que no conozco de nada.
– ¡Iván!, qué sorpresa, ¿Qué haces aquí? – pregunta mi ex.
– Pues mira, acabo de terminar de hacer unos asuntitos pendientes y venía a tomarme algo antes de volver a casa.
– Ah, muy bien; mira, te presento; ella es Carol, mi novia. Carol, éste es Iván, un compañero del curro.
– En realidad soy su exnovia – intento aclararle al pedazo de tío que tengo frente a mis ojos.
Me levanto le doy dos besos y me siento. César le ofrece sentarse con nosotros y yo no pongo pegas. El tío está buenísimo.
– Perdona qué te haga una pregunta indecente, Iván. ¿Tú sabías que César se estaba tirando a Sofía? – le pregunto con la única intención de dejar en evidencia a César.
– Te contestaré, pero a mi manera, si me lo permites. Teniendo a un pedazo de mujer como tú hay que ser muy tonto como para perder el tiempo con tías como Sofía. – Dice mientras me mira con la mirada más sexy que he visto nunca.
Mi ex no se siente cómodo con la situación y se nota.
Continuamos hablando los tres de cosas sin importancia, pero Iván y yo, nos entendemos demasiado bien, por debajo de la mesa nuestras piernas se rozan y juguetean, mientras César no se entera de nada. No podemos dejar de mirarnos. Yo inconscientemente me muerdo el labio inferior y él no para de mandarme indirectas en todas sus frases. No sé si ahora, César se está percatando, pero simplemente el saber que puede darse cuenta me pone cachonda. La situación empieza a calentarse. Iván logra llegar con su pie a mi entrepierna y con tan solo un roce puedo notar como mi coño empieza a lubricarse.
– Mmmm, necesito ir al baño, vuelvo ahora.- digo mientras no le quito la mirada de los labios al chico que me está haciendo la tarde mucho más entretenida de lo que esperaba.
Me meto en el baño de mujeres, me mojo un poco la cara y antes de darme la vuelta noto como unos brazos me rodean la cintura.
– Yo también necesitaba ir al servicio – dice Iván e inmediatamente me coge en brazos y me lleva al interior de uno de los habitáculos del aseo.
Allí me para en seco:
– En serio, César es un inconsciente. Eres preciosa.
– Creo que es lo más romántico que me han dicho en un baño público. – Le contesto entre risas.
Me acerco a su boca para besar esos labios que me están volviendo loca, pero él me agarra del pelo y tira de él con cuidado para separar un poco mis labios de los suyos.
– ¿Vamos a hacer esto aquí? – me dice el tío que hacía un momento me había cogido en brazos en pleno baño de mujeres.
– ¿Quieres ir a otro sitio? – le pregunto desconcertada. Mientras paso mi lengua por todo su cuello haciendo dibujos en su piel.
Él no aguanta y acerca su boca a la mía, tanto que nuestros labios se rozan y empieza a soltar su aliento en mi boca mientras levanta mi falda y aprieta mi culo con fuerza. Yo empiezo a sentir que mi respiración se vuelve mucho más rápida.
En ese mismo instante entra una señora en el baño. Los dos hacemos todo lo posible por mantenernos callados y controlar la respiración.
Oimos como la señora se pone a hablar por teléfono e Iván aprovecha ese momento para meter uno de sus dedos por dentro de mis braguitas y juguetear con mi clítoris.
Me cuesta muchísimo mantener la calma así y hago todo lo posible por parar su mano aunque no hay nada que desee más que tenerle dentro en este momento, aunque solo sea un dedo suyo.
De mi clítoris resbala sus dedos a mi vagina y bruscamente mete uno de sus dedos en mi interior, intentándo llevarlo lo más profundo posible, pero a mi me sabe a poco. Le ayudo con mi mano juntando el resto sus los dedos y con un solo gesto, le animo a que me meta casi toda su mano dentro de mi coño. Él lo hace, tengo el coño tan mojado que no me hace nada de daño. Intento no jadear demasiado alto pero cuando llega al fondo de mí con su mano me es imposible no soltar un gemido de placer. Consigue que me corra y puedo notar como me deshago en sus dedos.
Acerca su boca a mi oído y me susurra:
– Carol, estás empapada.
Saca su mano de mi vagina y se mete los dedos en la boca mientras pone una cara de perversión absolutamente irresistible.
Cuando ya oímos como la mujer sale del baño aprovechamos y salimos nosotros.
Primero salgo yo y a los pocos segundos sale él. Veo como César está en el mismo sitio que antes y me siento con una sonrisa de oreja a oreja. Al cabo de unos segundos Iván se sienta con nosotros.
– Pues sí que habéis tardado, cualquiera pensaría que os habéis estado liando – dice entre risas César.
Nosotros nos miramos mutuamente y nos reímos a carcajadas.
– Yo no soy como tú, Cesar. – le digo mientras pienso en mi interior: soy peor.
La verdad es que se lo tiene bien merecido, hoy me toca pasármelo bien y lo voy a hacer.
A los pocos minutos salimos todos del bar, me despido de César e Iván se ofrece a llevarme a mi casa en coche. Evidentemente yo acepto.
Nos subimos en el coche y nos vamos a mi casa.
En el ascensor me agarra con sus manos mi cara y empieza a comerme los labios.
– Llevo queriendo follarte desde que entré en el bar. – dice sin miramientos.
– Vaya… veo que el romanticismo ha desaparecido ¿eh? – le contesto entre gemidos
– Creo que lo perdí antes entre tus bragas. -responde – vamos a ver si consigo encontrarlo.
Entramos en mi casa y directamente me empotra contra la pared, con su boca recorre mi escote y yo mientras voy desabrochándole los pantalones.
Puedo ver como su polla enorme está durísima y empiezo a lubricar hasta notar que tengo las braguitas empapadas.
Él levanta mis brazos para quitarme la camiseta y cuando ve mis pechos comienza a besarlos y lamerlos hasta dejarlos bien mojados. Le bajo los calzoncillos y puedo ver como tiene las venas a estallar de su gran polla.
– Tengo ganas de lamer cada centímetro de tu polla – susurro.
– Es toda tuya. Puedes hacer con ella lo que te apetezca.
Voy bajando lentamente y apoyándome en el mueble de la entrada, empiezo a pasar mi lengua por los huevos, dejando que poco a poco se vayan postrando en mi boca, dejando que me la llenen.
En ese mismo instante la puerta de la entrada, la cual se encuentra a solo un metro de donde estamos se abre.
Es César.
-¿Qué coño es todo esto? – dice alucinando con la situación.
Me saco los huevos de Iván de la boca.
– ¿Qué coño haces tú aquí? – le pregunto sin saber muy bien qué hacer.
– Te envié un mensaje, venía a por las cosas que hemos dicho que me quedaba. ¿Te estás follando a mi compañero de trabajo? – pregunta mientras Iván sigue empalmado y quieto como una estatua.
No se muy bien que se me pasa por la cabeza en este momento, pero me acerco hacia César:
– Estoy haciendo exactamente lo que tú me hiciste a mí y debo decirte que me excita demasiado saber que lo estás viendo. ¿Quieres quedarte?, ¿Quieres ver cómo me follo a tu amigo?, ¿quieres ver cómo me como su polla?, – le susurro al oído.
Esta situación se está desmadrando, lo sé pero estoy tremendamente cachonda, el hecho de que César me vea así, me pone demasiado. Es una mezcla de rencor, rabia y pura excitación lo que recorre mis venas ahora mismo.
– A Iván seguro que no le importa ¿verdad? – digo completamente convencida.
Nadie dice nada, me quedo delante de César y le cojo una de sus manos, la llevo a mi coño para que note lo empapado que está.
– Dime, César, ¿conseguías que esta tal… Sofía, se mojara tanto como tu amigo ha conseguido mojarme a mí?.
César está mudo, pero puedo notar como la situación empieza a ponerle cachondo porque su polla empieza a endurecerse y eso me pone más cachonda todavía.
Vuelvo a donde está Iván y continúo comiéndole los huevos. Iván parece no sentirse nada incómodo porque gime de placer sin importarle la presencia de César.
Veo de reojo como César se quita los pantalones y ya empieza a masturbarse mientras le como la polla a su amigo.
DIOS!! esta situación es exageradamente excitante.
Lamo la polla de Iván dejándola empapada por todos lados, y vuelvo a sus huevos, le miro la cara de salido que tiene y hago todo lo posible porque no pierda ese gesto.
Iván saca de mi boca su polla empapada por mi saliva y empieza a jugar con ella en mis labios, mientras aprovecho para mirar a César que cada vez se masturba más rápido y me mira con cara de ira.
Iván me pone a cuatro patas en el suelo y me mete su polla enorme en el coño, la siento dentro de mí, y siento que me llena entera. Le pido que la meta hasta el fondo. Agarra fuertemente mis glúteos, incluso consigue dejar la marca de sus dedos.
– Me encanta tu polla, Iván. – digo mientras miro a César con recochineo.
César tiene un conflicto entre lo cachondo que está y la ira que siente al ver lo bien que me folla su amigo, pero eso no impide que se siga masturbando.
A los pocos segundos de las idas y venidas de la polla de Iván siento cómo mi coño va a estallar en un maravilloso orgasmo.
Gimo casi gritando y me corro en la polla de Iván.
– ¡Joder! que coño tienes – jadea Iván mientras sigue follándome a lo bestia.
César se acerca a mi boca y me pone la polla en mi cara. Sé que está deseando que se la coma mientras su amigo me folla pero le hago sufrir un poco y cierro la boca.
– Cómemela – me dice con mala leche.
Pongo mis labios rozando su pene sin llegar a comérsela, quiero sacarle de quicio. Pero él no aguanta más y me mete su mano dentro de la boca, me la abre con sus dedos y me llena la boca con su polla bruscamente. Me agarra de la cabeza para meterla hasta la garganta, hasta atragantarme.
Y esa situación hace que me quiera correr otra vez.
– ¿Te acuerdas de esta polla, nena? ¿la echabas de menos? – dice gimiendo como nunca lo había hecho mientras me atraganta con su polla perfecta.
Mi boca llena me impide contestarle, pero desde luego que la echaba de menos. La conozco perfectamente y se que le queda muy poco para soltar toda su corrida.
Me corro de nuevo pero esta vez no puedo gritar, una polla en mi boca me lo impide Iván saca la suya de mi coño y vuelve a mi boca, César le deja un poco de espacio y me pongo a jugar con las dos, intentando no dejar a ninguna sin mi lengua durante más de un segundo.
– Quiero que me llenéis la boca de leche ¿lo haréis por mí? – les pido deseándolo.
Los dos empiezan a masturbarse en mi boca, los dos están a punto de llenármela de semen.
– Ábreme la boca, nena – me exige César. La abro tanto como puedo y su polla expulsa todo su semen sobre mi lengua, mientras él se dobla de placer, sin dejar que la cierre, Iván gira un poco mi cara para meter su polla en mi boca llena de semen y correrse dentro. Yo mamo toda la leche y me la trago hasta que no queda ni gota.

Será una experiencia que no olvidaré nunca.

Carol.

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